Durante años la afición mexicana repitió la misma frase antes de cada Mundial: “ojalá ahora sí”. Anoche, después del triunfo 2-0 sobre Ecuador en el Estadio de la Ciudad de México, esa esperanza dejó de sentirse como un simple deseo y comenzó a convertirse en una posibilidad real. El silbatazo final no solo confirmó el pase del Tricolor a los octavos de final, también provocó un estallido de emociones que recorrió cada rincón del país, desde las plazas públicas hasta los hogares donde miles de familias vivieron el partido con el corazón en la mano.
Los nervios dominaron los primeros minutos, cada llegada de Ecuador hacía contener la respiración y cada recuperación del balón despertaba un nuevo grito de aliento, hasta que apareció Julián Quiñones para romper el empate y hacer explotar las tribunas. Minutos más tarde Raúl Jiménez amplió la ventaja y entonces el ambiente cambió por completo, los abrazos sustituyeron a la tensión, comenzaron los cánticos, las banderas ondearon con más fuerza y la ilusión volvió a instalarse en una afición que llevaba décadas esperando una noche como esta.
Dentro del estadio más de 80 mil personas hicieron sentir la localía durante los 90 minutos, pero la fiesta no terminó ahí. En las fan zones, restaurantes, bares y salas de miles de hogares, el gol se gritó con la misma intensidad, las familias se abrazaron, los amigos saltaron de emoción y al concluir el encuentro las calles de distintas ciudades del país se llenaron de caravanas, cláxones y aficionados cantando el tradicional “Cielito Lindo”, convencidos de que este equipo puede llegar mucho más lejos.
No se trató únicamente de una victoria deportiva. México rompió una sequía de 40 años sin ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo y lo hizo jugando con personalidad, dejando atrás el miedo que tantas veces acompañó al Tricolor en estas instancias. La actuación de jóvenes como Gilberto Mora, la experiencia de Raúl Jiménez y la solidez del equipo alimentaron una confianza que hacía mucho tiempo no se respiraba entre la afición mexicana.
Ahora el siguiente reto será enfrentar al ganador entre Inglaterra y República Democrática del Congo en los octavos de final, un duelo que ya comenzó a despertar conversaciones, pronósticos y sueños. Nadie se atreve a asegurar hasta dónde llegará esta Selección, pero por primera vez en mucho tiempo el optimismo supera al pesimismo y las cuentas para imaginar un camino histórico ya comenzaron a hacerse en todo el país.
Hay una pregunta que desde anoche se escucha en las calles, en las oficinas, en las redes sociales y en cada reunión de amigos: ¿y si sí? ¿Y si este es el Mundial en el que México rompe todas las barreras? ¿Y si el famoso quinto partido deja de ser un sueño para convertirse en realidad? Nadie tiene la respuesta, pero el Tri ya consiguió algo que parecía perdido: volver a poner a soñar a todo un país.
